cuatro cartas de un puntero izquierdo

Primer Premio en Poesía del Concurso dela Dirección Municipal de Cultura y de la Sociedad de Escritores de Jujuy - Año 2.004

1.08.2006

Carta 4

De Ernesto a Yudica

Chijra – 2003

Yudica:
Solo
te cuento el adulto.
(Tal como nos encontró)
Eso es todo.

(Soy inocente!)

Ernesto

Hoy encontré una mujer como carta bajo mi puerta

Si ella
no lo trae,
jamás sabremos
qué
estamos esperando.





Mirando hoy una fotografía de dama jujeña con amigas

(Yala- 1920)

No me mirés!

(Mirá
si nos vieran
mirándonos?)

Quedáte así,
mirando a tu amiga
que no te mira

(La pobre,
ni se imagina)

Y reíte
seguí riéndote
mucho mucho
(Sos feliz)

Estoy tocando
tu rodilla
(Escuchás tu espanto
bajo la mesa?)

“Qué calor,
Dios mío!”
(Mirá los árboles)

“Ni una brisa.
Es la hora,
claro”
(No me mirés!)

Reíte Reíte

“Otra botella?”
(No te muevas!)

“Tomamos demasiado,
no,
no, gracias”
(Se acabaron las medias)

“Lloverá?”
(Estás temblando!)

“Que vergüenza
esta mesa”
(Oh! Mi amor!
Estamos en piel)

“Los veranos
de antes,
te acordás?”
(Ni un gesto,
nada!)

Reíte Reíte Reíte
(Lo que toco me moja)

Reíte
(Solo para moverte)

Reíte a carcajadas
(No me mirés!)

(No me secaré la mano,
lo juro, mi amor!)*





La fuerza del amor, hoy

La lluvia
caía
por nosotros,
amor

Qué otra música,
pregunto
para dos enamorados
en esa esquina,
que la lluvia
cayendo
en silencio
sin interrumpirnos

Sucediendo
como un detalle
sin tocarnos
a nosotros
dos

Besándonos
bajo la lluvia
que caía
en esa esquina
llena de música
nuestra

La hora!, dijiste
y te fuiste, de repente
bajo la lluvia
que sonaba
acompañándote

Y corrías
lejos de una esquina
sin vos
que te ibas
allá lejos

(Ya
sin música
que te escuchara)

Y la lluvia
que nos lloraba
me mojaba
todo entero de vos
que te fuiste

De aquella esquina
(hace dos sábados, creo)
y todavía, amor
estoy llorando,
llorando
de tos.





Donde voy, mujer, estás
(Poema de amor)

Una
cifra
varias veces millonaria
registrará
(seguramente)
la cantidad de pasos
que di en mi vida
desde aquel primero
hasta
este último
(cincuenta años)
antes
de sentarme a calcular
y
(ya ves!)
aquí estoy
(otra vez!)
en mi estúpido esfuerzo
redondo





No me aman estos prójimos que miro pasar

Son
como yo,
pero,
viven sin vos

(Detestan los privilegios)





Dejé de afeitarme para crecer

Me
buscaba
el niño
en
los mapas
del espejo

(esta barba
es derrota)





Zapping
(hace un cable que el zapping en mi barrio necesita botones)

Click!
(27 – Cha cha cha)

“Las mal cogidas, pregunta Casero,
qué festejan con esa sonrisa
de oreja a oreja
entre sus piernas?”

Click!
(35 – Animal Planet)

...y los verdes ríos
para las serpientes de colmillos venenosos

...y los chatos valles
para el furtivo paso de la corzuela
y el sigilo de los gatos nocturnos

... y las frías montañas
para el silencioso ojo de cóndores
y el menudo masticar de sus víctimas

... y los habladores árboles
para el descanso de los vientos caminantes

... y la seca piedra
para esconder la hierba tierna
y la blanca panza de los gusanos velludos

... y los lagos inquietos
para las luminosas aves de los abismos profundos

... y los desiertos calcinados
para la efímera huella de los extraviados

Click!
(12 – CNN en español)

... y la palabra peligrosa
para los pájaros de picos desdentados

Click!
(38 – Infinito)

Es todo tan sencillamente complicado,
oh! gran abuelo hacedor!

Click!
(59 – Fashion TV)

Salvo
la piel
nada encuentro
de mi talle

Click!
(18 – Cartoon Network)

No podrán
de otra manera sería absurdo,
vencer en pareja batalla
a los erectos senos del ancla tatuada
en el mas duro antebrazo que recuerde
la memoria larga de este mundo

Ellos son billete suficiente
para ingresar a la violenta historia
de los héroes sorprendidos
en ternura
(Senos tatuados con las filosas cenizas
de su nave más ágil)

Que nadie se llame a engaño
al verlo sentado en el umbral
de la sobrada piedra,
porque de noche,
cuando amarra su lengua
al muelle de lo cierto,
él bebe los ojos
de caballos muertos en mil batallas

Allí reside el misterio de la guerra
y su cansancio

A Popeye, el marino
y Olivia, su mujer.

Click!
(37 – National Geographic Channel)

... famosa por la enorme cantidad de grandes árboles
aptos todos para la navegación en altamar...

“Unos pinos altísimos
que podrían albergarme perfectamente
a mi y a mi equipaje que, reduciéndolo,
(si dejo las escopetas y mis botas de alta montaña)
vos podrías caber sin mayores aprietos
y, una vez acomodados, sería tan sencillo remar
que, al poco tiempo, me estarías ayudando
a cruzar los peligrosos acantilados escoceses
y los rápidos de algún fiordo
en lugares siempre lejanos,
todos fríos y peligrosos.

Una vida que al principio parecerá
demasiado agotada
pero luego de algunas noches de tormenta
con altas olas cargadas de hielo,
(cuando dejemos a popa el temido Cabo de Hornos)
podremos mirarnos tiernamente
rodeados por la inmensa paz del mar
en perfecta calma y con el único sol
de testigo
decirnos “te amo” como si todos los peligros
pasados fueran nada más que la película
que necesitábamos para besarnos y llorar
por ser tan felices
y olvidar, de una vez, y para siempre,
la estúpida esquina...”*

Click!
(31 – Telenovelas)

El día es tormentoso
ella acaba de descender, violentamente
de un lujoso carro mal aparcado sobre una
autopista de Caracas.
Bajo la lluvia, grita hacia el conductor
- “De lo mío te ofrezco el olvido”
El conductor, conteniéndose, responde
- “Reclamo lo besado”
- “Es mío!”*

Click!
(Tanda publicitaria)

En primer plano una mano sostiene
un fósforo a punto de ser raspado sobre
la banda áspera de una caja de fósforos “Flame”
Voz en off:
“En cada cabeza
la poesía también
raspa el fuego
que la enciende”

Click!
(27 – Cortos I-Sat)





El propietario

Un amanecer frío y gris ilumina apenas una habitación precaria en un barrio marginal de San Salvador.
La penumbra entra por la única ventana sin vidrio y cae sobre un rostro dormido (indígena, casi anciano).
El personaje se despierta con gestos de dolor.
Se sienta en el camastro y se queja de un dolor en el estómago mientras mira por la ventana el cielo encapotado.
Enciende un calentador para prepararse el mate del desayuno.
Siempre con dolor en el rostro, apaga el calentador sin desayunar.
Toma su campera sucia y raída (en la campera es evidente el logo de la municipalidad de la capital).
Sale de la pieza.
Camina hacia el centro con pasos no muy firmes (sobre la ciudad está amaneciendo.
A favor de la imagen, el personaje podría estar bajando desde Mariano Moreno).
Una playa de estacionamiento desierta. (Desde el rincón mas oscuro, el personaje retira un carro de barrendero con cepillos y escobas).
Comienza a trabajar con evidente dificultad en sus movimientos.
A media mañana (en las calles autos y peatones) el personaje se sienta en el cordón de la vereda y se recuesta, dolorido, sobre el tronco de un árbol (está a punto de desmayarse)
Algunos peatones se acercan y lo rodean.
Los curiosos ayudan a subirlo a un patrullero para llevarlo hacia el hospital.
El patrullero lo traslada.
El personaje ingresa a la guardia del hospital con ayuda de los policías.
Médicos y enfermeras atienden al paciente.
El personaje espera el diagnóstico sentado en una banca de la sala de guardia.
Un médico lo invita a pasar a su consultorio y cierra la puerta.
La cara del médico es de preocupación.
El paciente lo mira sin ninguna expresión.
Luego de un tenso silencio, el médico dice:
“Mi amigo, usted tiene cáncer”
(Silencio) El médico agrega:
“Al estómago”
El paciente no reacciona
El médico insiste
“Entiende lo que le digo?... Cáncer!”
Con evidente esfuerzo el paciente pregunta: “yo, tengo...?”
Contesta el médico:
“Si, mi amigo, así es... lamentablemente”
Responde el paciente:
“Cáncer?... Tengo?”
Contesta el médico:
“No hay dudas, créame. Los estudios que hicimos, confirman...”
Insiste el paciente (hay un brillo de interés en sus ojos): “Mío?”
El médico, desconcertado, contesta:
“Y... si, claro... como le digo, no hay dudas”
El paciente, casi con entusiasmo, “Mío?... y nadie... digo, nadie me lo va a quitar?”
Después de un silencio y con estupor, el médico contesta: “Quitárselo?... pero... quién?”
Paciente, parándose entusiasmado y sin dificultad, dice: “Es mío”
Paciente, desde la puerta, yéndose:
“Gracias!... Por fin!”

* A esto lo conozco, “El otro yo del Dr. Merengue?” pregunta el manuscrito de Yudica en un margen de la carta.
* “A mi me contás Ticonderoga?” se sorprende Yudica.
* Con una voz como para afilar cuchillos, “ El león de Francia”, te acordás?. Comenta Yudica.